James Vincent McMorrow (+ I Have a Tribe) @ Joy Eslava

El pasado viernes tuvo lugar en la Sala Joy Eslava uno de esos acontecimientos que tras vivirlos nos empeñamos en dotar de una trascendencia de la que, comprendidos dentro del enorme universo en el que sucedió, obviamente carece. No obstante, sin duda se trató de una experiencia dotada de cierta trascendencia. En lo local o, mejor, en lo nacional, con un buen puñetazo sobre la mesa por parte de la organización Cooncert. Poco interesado estás en la escena musical de nuestro país si aún no has oído o leído sobre ellos. Te enterarás mucho mejor en su página web acerca de como funciona su proyecto, pero por dar una explicación algo más personal, se trata de un equipo de gente de lo más creativo que intenta hacer realidad conciertos por toda la geografía de nuestro país propuestos principalmente por los fans. Si quieres ver a tu grupo favorito pero es difícil que se pasen por aquí, Cooncert es un buen medio (sino el único) para intentar conseguirlo. Proponlo, y si ellos consiguen una necesaria cantidad de votos que avalen la propuesta, lo hacen posible. ¿Mola, eh? Además, por si fuera poco, cuidan a los medios en crecimiento como el nuestro. Desde aquí mi más sincero agradecimiento por dejarnos cubrir este quinto evento que han organizado desde su creación. En lo personal, la trascendencia fue total, sin duda. Adelante.

Abrió la noche la propuesta de Patrick O'Laoghaire, I Have a Tribe. Casi media hora de concierto en la que, si algo demostró, es que no tiene una tribu. Lo que sí tiene es una buena barba. Una de estas que parecen ya imprescindibles si vas a sentarte solitariamente al frente de un teclado. Tonterías aparte, se trató de un set de lo más minimalista principalmente porque solo usó una guitarra en los dos primeros temas para pasar después al fondo del mentado teclado. Su repertorio es cercano en referencias al de la banda que le precedería, tomando ideas de Bon Iver o James Blake. Se trató de una perfecta introducción al plato fuerte que cumplió de sobra con una soberbia ejecución y una actitud risueña y emocionada de apreciar realmente. Incluso aprovechó para soltar algún que otro chascarrillo y hasta se atrevió con un poema en castellano que había leído por ahí (según me pareció entender) y cuya identidad sigue siendo un misterio para mi. Su canción Moonson fue la grata sorpresa de la velada, dejando entrever cosas muy interesantes y con la más sentida interpretación hasta el momento. 

La imponente luna de James Vincent McMorrow

 A los minutos salieron al escenario James Vincent McMorrow y la pedazo de banda que lo acompaña en directo. Él a la guitarra y al teclado (y la voz, por supuesto) y un batería, teclista y bajista también dotada de su propio teclado, encargados los tres de los coros. Si bien no fueron imponentes desde su llegada (aunque si lo serían más tarde) sí lo era desde un principio la escenografía del lugar. Una impresionante luna en la pared mandando sobre todo con una iluminación muy trabajada parecía activar a su vez las luces de las varias "pirámides" fluorescente dispersas sobre el escenario. Un decorado en constante cambio y fluctuación como la música a la que acompañó. 

Abrieron el espectáculo con The Lakes, de su último trabajo, Post-Tropical. No obstante, el setlist resultó una mezcla total entre este y el primero que propulsó a James a la fama, Early in the Morning. Se trata de álbumes totalmente diferentes. El componente electrónico aparece por primera vez en este último mientras el primero es un trabajo de folk más puro, más clásico. Por volver a mentar las referencias y acabar de sobarlas definitiva y asquerosamente; el primero es Bon Iver, el segundo es James Blake. No en vano, como el propio cantante ha contado en varias ocasiones, sufrió una difícil crisis al final de la gira que lo llevó por el mundo presentando su primer disco. Tras superar adicciones y demás, retomó su carrera repitiendo en brillantez pero con una fórmula diferente, fruto, suponemos, de experiencias vividas. Sin embargo, como he dicho, durante el show utilizó temas de ambos trabajos combinados en un repertorio magistral. Dotando a todos, claro, del recientemente adquirido carácter electrónico y de una banda con la que, recordamos, no contaba en su anterior gira. Así, como quien no quiere la cosa, soltó la acústica Hear the Noise That Moves So Soft and Low, uno de sus primeros hits, añadiéndole una formidable contundencia sonora a base de golpes de batería y bajo, primero, y teclados después. 

A mí ya me tenía totalmente ganado, pero acabé de alcanzar esta trascendencia que tanto he manido en el primer párrafo con la dupla formada por dos temas del Post-Tropical que vino a continuación. Primero Glacier, en la que el falsete de James se hizo enorme en la parte de "I wanna go, south of the river" haciéndome evocar a la última vez que pude ver a Justin Vernon en directo. Después con Red Dust y su emotivo final en el que canta "Sometimes my hands / They don´t feel like my own / I need someone to love / I need someone to hold" Tema ya tratado en infinitas ocasiones este último, de hecho me encanta mantener que todas las canciones son de amor. Incluso parafrasea a Queen y a los Jefferson Airplane pero, joder, que levante la mano quien no sea un atormentando en lo amoroso. Fue especialmente cuidada en este último tema la iluminación que nos transportó directamente a Marte haciendo honor al título de la pieza. 

James, banda y pirámides.
McMorrow siguió hablando de amor a un público que se hallaba sumergido totalmente en su juego sonoro y lumínico, con todos los ojos fijos en él. Se hizo específicamente desagradable para algunos el contemplar como muchas parejas tenían a quién abrazarse en Higher Love, tema que interpretó él solito al teclado, en la oscuridad y sin nadie detrás. Solo lo acompañaron algunas tímidas voces que se encontraron en forma de murmullo para el estribillo. Simplemente precioso. Los temas se fueron sucediendo y James cambiaba constantemente de guitarra variando entre tres registros; dos eléctricos y uno acústico. El técnico que realizaba los intercambios acabó siendo uno más de la familia. Sin haber soltado practicamente palabra durante la primera mitad del concierto, se relajó un poco y aprovechó para contar alguna divertida anécdota. Somos los últimos espectadores de su gira europea, y es la segunda vez que viene a Madrid tras una primera en El Día de la Música. Cuenta algo sobre unas escaleras que levanta algunas risas y pronto arranca  con una acústica Breaking Hearts que hace lo suyo con los corazones de toda la sala. Quizás su tema más cercano y accesible y en el que al final del mismo es imposible, incluso en la primera escucha, resistirse a cantar aquello de "I´ve been breaking hearts / For far, too long" El teclado a lo "Saloon" del oeste resulta irresistible.

La gota de agua que resuena durante el tema homónimo de su segundo LP aún resuena en mi cabeza, casi como el expansivo teclado de Look Out. El final previo al bis fue abrumador. Comenzó con una favorita personal como lo es para mí All Points y los ecos que arrastra cuando canta, casi en trance, "I was (I was), in the dark". We Don´t Eat es uno de los hits de su debut que no podía faltar y luego vino Gold con su comienzo tímido y acogedor que lleva más tarde a la épica desatada cuando canta por segunda vez "And I wasn´t afforded a love / Covered up in a hard earned clay". Estremecedor es un adjetivo que no hace justicia a este estribillo. Poco hace también respecto a la terminal Cavalier. Un tema que vale todo el show, un tema que resume todo lo que es James Vincent McMorrow. Una oda al silencio y al juego con él. Sin temores, sin miedo, sin rellenarlo innecesariamente. Cuando piensas que el irlandés no puede cantar más agudo susurra "I remember my first love" que si bien no crea escalofríos a la primera, acaba llevando a la lágrima a más de uno al final del tema. 


Tras esto, un bis de tres temas que, no siendo un final tan redondo, comienza dotado de un gran significado. El cantante aparece solo con su acústica, y recuerda los tiempos pasados en los que se presentaba así en cada concierto. Simplemente, nos cuenta, le apetece tocar así, él solo. Y no contento con su soledad, desenchufa la guitarra y se aleja del micro. La sorpresa es mayúscula pero más aún lo es el tremendo respeto del público mientras escuchamos And If My Heart Should Somehow Stop. Continua, ya acompañado por sus fieles escuderos, con When I Leave, para rematar finalmente la faena como la empezó en Early In The Morning; con If I Had Boat. Otro hit más (y van...) inapelable y agradecido tremendamente por los asistentes. 

Ovación total y absoluta en una Joy Eslava que si bien no presentaba el lleno del miércoles de la misma semana con Future Islands se encontraba muy cerca. Nuestra enhorabuena a la gente de Cooncert. ¡Por muchas más experiencias trascendentes! 

Alv. Fotos cortesía de Alberto León.

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