VilllaManuela 2014 - Lo que pudimos ver (2/2)

Sábado 4 de octubre

La tralla del día anterior no me pesó demasiado y conseguí estar a tiempo para el concierto más tempranero de todo el festival: el que iban a dar los veteranos británicos Comus a las 6.30 en el T Club. Sin duda uno de los puntazos del festival traernos a España a uno de los grupos insignia del folk progresivo. El fallo fue que se retrasara el inicio media hora por culpa del tráfico que dificultó su llegada, lo que redujo su actuación a unos escasos cuarenta minutos. Para cuando empezaron no éramos pocos los impacientes y excitados. Allí estaban, todos sentados a excepción de la única mujer y del bajista, siempre distante delante de su amplificador.
Destacó en todo momento la versatilidad de la formación, que iba siempre liderada por la voz de un Roger Wootton al que suponemos ya sexagenario como poco. Él no abandonó en ningún momento su acústica, pero su compañero si lo hizo en favor de un pequeño set de percusión en ocasiones o el percusionista por una flauta u otros instrumentos de viento. El instrumentista de cuerda iba alternando entre violín y viola mientras el componente femenino acompañaba en los coros, las maracas, el gong o lo que hiciera falta. Ya destacó la bella voz de esta última en los coros de una inicial Song to Comus que sirve tan bien de presentación e introducción al espectáculo. Un Roger descomunal me dejó con la boca abierta sobre todo al final de esta pieza al atreverse con sonidos guturales de lo más impactantes.

La transparencia de Comus


Precisamente su debut, First Utterance, llevó el peso del bolo, con temas sublimes como Diana o The Bite. Entre medias la espectacular Out of the Coma, de su álbum de regreso homónimo en 2012. Coqueteando descaradamente con la psicodelia y con esos coros basados en respiraciones aceleradas y jadeos, te estrangula en cuanto la letra dice eso de "Somebody talking about me!" para desembocar en un liberador "Out of the coma, through the rising darkness". Todo medido a la perfección, con una ejecución perfecta, y el desparpajo y la transparencia de la agrupación combinándose dieron como resultado un show increíble lleno de momentos mágicos.

El final con The Herald y Drip Drip para enmarcar y acabar de dejarnos a todos ojipláticos totalmente. Una delicia haber podido disfrutar de estos extraterrestres.

A continuación subí a El Cielo del T Club para ver qué cocían los chicos de Woodsman. Lo cierto es que no conocía demasiado bien las propuestas que se aglutinaban en su franja horaria, con lo que me dirigí con no demasiadas expectativas, lo que hizo la experiencia mucho más disfrutable. Son tres, dos guitarras y un batería, y no cantan en ningún momento. Llevan ese rollo a lo Tame Impala - Woods - Foxygen tan del momento, con melenas (unas más largas que otras) pero con una seriedad mayor que la de cualquiera de los tres citados. Se dedicaron casi sin ninguna pausa a darle a las guitarras todo tipo de efectos psicodélicos entre el shoegaze y un post-rok instrumental que toca las propuestas de Explosions in the Sky o They Will Destroy You. Cada dos por tres estaban en el suelo ajustando y manipulando todo de tipo de pedales y artilugios sonoros a su gusto. A destacar el efecto "canto de ballena" que le dio uno de ellos a un alarido vía micro, que se coló entre las guitarras con un resultado evocador. Unos cuarenta y cinco minutos de cuerdas y distorsión muy interesantes. Si algo se les puede reprochar es su falta de entrega para con el público, algo que no ayudó a muchos a sumergirse y que generó una pequeña afluencia de público casi constante en El Cielo. Solo al final cuando ya habían dejado sus herramientas de psicodelia dedicaron una mirada al público premonitoria a los aplausos que iban a recibir.

Si manejase la edición fotográfica como Woodsman la musical, estaríais viendo una imagen de mayor calidad.
El siguiente bolo marcado de color rojo en el horario era el de los suecos Holograms en la Sala But. Las etiquetas que los encasillan son de sobra conocidas (hola post-punk, hola new wave, hola...) y de sobra sobadas por otras bandas (hola Eagulls, hola Iceage, incluso hola a sus paisanos Refused), pero no por ello deja su propuesta de ser igualmente apetecible.
Con tan solo dos álbumes publicados en 2012 y 2013, acumulan un buen puñado de grandes temas que presagiaban un imponente y adictivo directo. Se plantaron sobre el escenario a su hora, puntuales, ante una cantidad muy reducida de personas que fue incrementándose poco a poco con el discurrir de la actuación hasta llegar a aceptable. Ataviados con colores oscuros y pantalones muy ajustados rematados con estilizadas botas, hicieron gala de una clase y elegancia dignas del que lleva mucho más tiempo haciendo lo propio cada noche.
Para cuando irrumpió Meditations con su epiléptico estribillo ("destruction, destruction..!") ya habían caído Monolith, Ättestupa u Orpheo. El teclado se hizo notar desde el principio y el bajista golpeaba las cuerdas con una contundencia que tal vez sepultaba en exceso las voces, combinadas brillantemente entre bajista y guitarrista en un juego que alternaba una mayor aspereza y unos ecos desgarradores con una gravedad y una profundidad de otro mundo. ABC City golpeó duro y fue posible que la mayor parte de los asistentes se contonearan a su perverso ritmo. Acabaron poniendo todo patas arriba con una Lay Us Down que es su himno indiscutible y en la que un endiablado punteo/riff de guitarra incitan a la aparición del épico y fraccionado estibillo: "LAY, US, DOWN". Es fácil gritarlo mientras golpeas unos platillos imaginarios con unas baquetas que son holográficas extensiones de tus manos. Lo mejor es que no acaba pronto y se deja llevar, divaga. Hay tiempo para la reflexión más introspectiva, "It is the most beautiful lie" y más tarde vuelve a reventar: "LAY, US, DOWN". Y teclado que divaga, que abre paso a la nueva tempestad, que transciende toda etiqueta y se mete de lleno en el corazón del puro disfrute musical, sin más.

Holograms son clase.
Una verdadera lástima la falta de afluencia en este show que resultó más exitoso la última vez que nos visitaron e hicieron su música en la sala Siroco, el pasado año. Parece que la mayoría de gente se concentró en el T Club para ver a Clinic, otra banda que podría encuadrarse en etiquetas similares pero que las desmonta sin complejos al sonar tan drásticamente diferentes. Pude comprobar ambas cosas en los escasos quince minutos de actuación finales que contemplé. 
La banda que durante un tiempo obsesionó a Thom Yorke ofrece una actuación directa y sin trucos, y los casi 20 años de carrera a sus espaldas les aúpan en un directo muy medido que tiene como característica más curiosa las indumentarias de cirujanos (batas, mascarillas y zapatillas incluidas) de los componentes del grupo. Destacan su contundencia sonora a la que contribuyen sin duda unos potentes teclados en repetición en varias canciones que actúan como adictivo hilo musical. Los ritmos que producen son incluso bailables y animan insistentemente a retorcerse sin parar. 

Uno de los pocos conciertos en los que resultó imposible arrimarse a las primeras filas.
A las once de la noche se subieron al escenario los Sleaford Mods, de nuevo en el Ochoymedio. Una de las propuestas más promovidas y tralladas por los medios del festival. Podéis encontrar sin buscar demasiado interesantes entrevistas con su cantante, Jason Williamson, que es todo un pieza. Y digo cantante por no decir que, al menos en directo, básicamente Sleaford Mods es Jason Williamson. Tiene un compañero la hostia de dejado, con una camiseta del jefe Wiggum, que se encarga de darle al play a las bases para ponerlo todo a tiro y empezar a soltar pura bilis de su boca mientras simplemente sujeta un tercio, se rasca los huevos o pone su móvil a cargar. Un tío curioso. 

Jason es un hater de manual, y de su odio a... ¡A todo! Nacen sus letras, ávidas, frenéticas, irónicas, atrevidas y desafiantes. Odia a todo, sí. Tal vez pudiera centrarse un poco para que el resto podamos asimilar un poco todo aquello contra lo que despotrica. Aburrimiento, falta de atrevimiento, ídolos del brit pop y la canción americana... De su odio a estos últimos, sobre todo, le nace la necesidad de hacer algo distinto, representativo de una parte de los oyentes que pasan ya de los Gallagher, Weller o Bugg y quieren algo con lo que sentirse identificado. Y vaya que lo hace. El componente social está implícito practicamente en la totalidad de sus canciones. Saben a pub, a manifestaciones con policías y porras, a mineros en huelga y otros tópicos de la clase obrera anglosajona. Y lo hace sin mirarnos, concentrado y ensimismado en su tarea, que requiere de una gran destreza y habilidades notorias. Al final de cada tema mira, socarrón, desafiante. Levanta las manos como un jugador en la celebración de un tanto alucinante y es aclamado. Lo inquietante de todo esto es que aún no siendo la música rap la más llevadera y disfrutable y aún tampoco sin acompañar el idioma, el público pareciese bastante entregado. Un logro bastante difícil de conseguir dado que el diccionario de palabras que la mayoría de la audiencia entendimos está compuesto por "fuck","whores" y otros improperios. 
Pero temas como Jobseeker y su "Job-Seeker!!" al que todos podemos corresponder sin temor a decir alguna tontería ayudaron en gran medida a la inmersión de la gente, que no se limitaba ya tan solo a agitar los brazos de arriba a abajo y de abajo a arriba.  Supieron mantener la atención sin dejar que su concierto cayese en la monotonía con más momentos así, que hacían que la gente se sintiese parte del mismo, como en la enorme Jolly Fucker.

Sleaford Mods. No se qué narices significa y el traductor no me lo dice.
Con esto di por concluido VillaManuela 2014, con un montón de cosas pululando por mi cabeza que sin duda no estarán plasmadas al completo en este párrafo que os queda. Se trata de una propuesta muy interesante y, sobre todo, necesaria. Hacen falta más propuestas así, llenas de música y cargadas de innovación y atrevimiento. Que no haya ni un solo festival del tamaño del Primavera Sound, el FIB o el BBK en Madrid es un palo, y estos pequeños eventos nos ayudan a darle vidilla al mundo musical de la ciudad.

Si no se puede ir a lo grande (hola DCode), podemos acercarnos con cositas más pequeñas, selectas e incluso exquisitas. Ahora bien, lo que no se debería hacer es contar con una pequeña parte nada representable de los habituales consumidores de música en directo de la ciudad. La triste realidad es que poca gente pudo disfrutar de varios grupos que, de haber sido presentados de otra forma, hubieran llegado a una mayor expectación.
Es una cosa similar a lo que ocurre cuando un gran festival firma a una banda y sella una exclusividad impidiendo que se pueda llegar a ella de otra manera. Está mal limitar la música, y VillaManuela lo hizo directamente con un precio nada asequible de 70 euros que de entrada rechazó a un montón de adolescentes sin ingresos que están locos por vivir experiencias cautivadoras en el terreno musical. En Barcelona se las ofrecen a 25 euros por tres días de Primavera Club. Es otro formato con bandas en su mayoría debutante, pero no deja de ser mucho más accesible.
Además, ya que se paga este dinero, debería poder disfrutarse de una parte mayor de las propuestas. El hecho de que artistas de lo más llamativos estuvieran constantemente solapados como con Bombino y Holy Fuck o The Ex y YOB te priva de más horas de disfrute. Se entiende que se trata de tan solo tres emplazamientos y que debe ser difícil encuadrarlo todo de manera que no se sobrepasen los aforos de ninguno y haya siempre buena afluencia, pero se puede organizar de otro modo. Por ejemplo, se elige un sitio más grande y se extienden las propuestas a lo largo de la noche, que quedaba tristemente vacía con muy pocas opciones. Sin duda las distracciones de Malasaña y de otros shows en distintos lugares (Swans, Wovenhand en jueves y sábado) desplazaron a parte del público a abandonar el festival a altas horas o incluso cuando empezaba a anochecer. Una asignatura pendiente para dar otro pasito hacia delante.

Espero poder volver el año que viene, sería un signo de que se están haciendo cosas bien. Veremos que dirección toma esta propuesta, mirando siempre con mucho interés y sobre todo con mucha esperanza en que se vaya mejorando año tras año. 

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