Yippies. Las islas eternas.




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Las Islas Eternas

 

Amnesia

Tras la liquidación del Summer of Love californiano y la resaca del Mayo francés del 68 se produjo una verdadera diáspora juvenil. La hasta entonces apacible isla de Ibiza y la remota capital de Nepal se convirtieron en dos auténticos santuarios, en los últimos reductos, donde aún cabía la posibilidad de colmar tantas ansias de paz y libertad y disfrutar de la vida en perfecta armonía.

La devaluación de la peseta de 1967 atrajo a los primeros hippies a Ibiza, y con ellos llegó el primer ácido a España. El fármaco estaba prohibido pero, al principio, nadie pareció preocuparse lo más mínimo. De hecho, según ciertas informaciones, en 1967 se descubrió en Madrid "un laboratorio donde se obtenía clandestinamente LSD", y durante los años 67 y 68 la Brigada Central de Estupefacientes no llegó a decomisar ni una sola dosis del producto.


Antes de partir hacia la India, Alejandro Vallejo-Nágera, considerado por muchos el primer hippy autóctono, abrió en Ibiza "La Cueva de Alex Babá", una discoteca por la que en poco tiempo desfilaría media Europa. Fue la época en que se inauguraron otros locales míticos, como el bar "La Tierra" y el "Lola's Club" (después vendría el no menos famoso club "Amnesia", regentado por Antonio Escohotado y Manuel Sáenz de Heredia), donde el consumo de marihuana, haschisch y LSD permitía presagiar a los más optimistas que la aventura psicodélica aún era posible y que el Flower Power todavía continuaba siendo una feliz realidad.

En agosto de 1969 tuvo lugar un suceso que conmovió a toda la sociedad occidental. Charles Manson, una especie de lunático made in USA que se había autoproclamado líder de una extraña secta satánica, y sus secuaces asesinaron salvajemente en Bel Air (California) a varias personas, entre ellas a Sharon Tate, esposa del cineasta Roman Polanski. Los asesinos eran consumidores de LSD, marihuana y otras drogas psicoactivas. No hacía falta ningún elemento más para qué se desatara una formidable ofensiva contra los alucinógenos y sus usuarios.

En España, en poco tiempo, el LSD pasó a ser una sustancia diabólica, intrínsecamente maligna, una droga esencialmente criminógena, mucho más peligrosa que "las viejas drogas de la belle époque decadente", pues en opinión de Santiago Loren, médico y colaborador habitual del diario Pueblo, "el drogadicto de morfina o heroína no hacía mal más que a sí mismo, mientras que el drogado alucinado y psicodélico es un claro peligro social, por sus imprevisibles y siempre dinámicas reacciones".

Lo cierto es que en Ibiza y Formentera comenzaron a proliferar grupos de jóvenes cuya existencia se centraba en el consumo de derivados del cáñamo (kif, grifa, marihuana, haschisch) y LSD que se ritualizaban y utilizaban como puntos de referencia para una contracultura cada vez más antagónica con los valores considerados normales, desarrollando una ideología que recordaba vagamente a la del movimiento hippy. A juicio del psiquiatra Enrique González Duro, "se trataba de una ideología importada, mal asimilada y puramente imitativa, ya que el movimiento hippy no pudo desarrollarse mínimamente en España por las especiales condiciones socioeconómicas y políticas que aquí sufríamos".

Y es que ser hippy en España -como dijera el periodista y escritor Luis Carandell- era "casi una postura heroica". Desde luego, había una minoría de hippies auténticos, pero los que más abundaban eran los hippies de temporada. El "hippismo de plástico -o simple snobismo- llegó a tales extremos que en el madrileño hipódromo de la Zarzuela se celebró una concentración "hippy", con fines benéficos, a la que asistieron las nietas del propio general Franco, las señoritas Fierro, Osuna, March, Urquijo, Vega Seoane, el Dúo Dinámico y otros prometedores retoños del Régimen. La prensa del momento puntualizaba: "En realidad se trataba de una fiesta de disfraces. Sólo que el modo de vestir de los 'hippies' se presta para estas cosas".

A decir verdad, aquí en España, más que hippies hubo -y continúa habiendo- freaks (literalmente del inglés, raros o extravagantes), personajes malditos, más o menos inadaptados o automarginados, que se drogaban y rechazaban de forma visceral el orden social vigente pero que, aparte de eso, no poseían una ideología común ni concreta.

Juan Carlos Usó

...bicicleta y fin

 

Por Chus Martínez.

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