Oso Leone @ Moby Dick (26/2/2015) Girando por Salas

Es una sensación preciosa la que invade al fan acérrimo de una banda antes del concierto. No es que las posesiones materiales sean mi medio favorito de demostración de una pasión, pero soy orgulloso poseedor de todos sus largos en todos los formatos posibles (incluido el digital) Me declaro incansable seguidor de Oso Leone. Libero de todo sentido negativo a esta crítica, que no pretende ser más que una extensión de mis sentimientos, de mis vivencias la pasada noche del 26 de febrero en una abarrotada y sudorosa Moby Dick

De verdad, no sería capaz de decir nada malo de Oso Leone. Pero puestos a soltar algo negativo (saludo a mi yo de hace 4 líneas), el público que tuvieron en este último concierto en Madrid antes de cruzar el charco (sniff), fue malo, pesado y parlanchín en exceso. Baste decir que yo piso conciertos sin haber entrado en profundidad a conocer a sus respectivos artistas. Pero mantengo una posición de respeto ante su actuación en todo caso. O me voy. Pues eso.

"Crisantemo" abre la noche despojando de todo sentido a cualquier actuación de una banda como telonera en la noche madrileña. Si vamos a ver a Oso Leone, vamos a ver a Oso Leone. Y la noche se abre como presentando ese sonido que nos trajo su segundo álbum, Mokragora (2013, Foehn Records). Un sonido atmosférico, pero intenso, casi monolítico y a buen seguro testarudo y decidido. Algo así como un inmenso aparato de características disparatadas que funciona a la tensión de cada uno de los miembros de la banda, que tiran, al unísono, de complicadas palancas y engranajes. Solo el conjunto toma sentido y cada pieza se haya perfectamente engranada. Una máquina perfecta en la que el detallismo viene determinado casi más por lo que no se hace, que por lo que sí. Algo así como un invento que mantiene a raya las invasiones cada vez más frecuentes de artefactos sonoros lejanos al minimalismo tropical que se practica en cada estructura.



El segundo tema de la noche, su celebrada "Rebellion", es toda una declaración de intenciones. La guitarra luminosa del álbum debut Oso Leone (2011) desaparece en directo y todo suena más íntimo, más orgánico. Don't speak / You better act / They want you to know nothing / Not use your common sense. Y la continuación y desenlace de este párrafo que gran parte del público conoce. Pero nada más, de una canción que dura cuatro minutos y medio. De una canción a todas luces bastante responsable de la gran afluencia de personas interesadas minimamente aquella noche. Pero de una canción que, claramente no representa en su conjunto el aparato, la máquina de sombras que son hoy Oso Leone. En vez de dar lo que muchos esperaban, se entregan a la producción de oscuridad con una divagación cósmica, atrevida, y que me deja con la boca abierta y los ojos como platos. Una muestra de la tremenda evolución que se experimenta de un primer álbum notable, con muy buenas ideas, a un segundo con capacidad para hacer creer fervientemente en un grupo nacional que de el gran salto. Por primera vez las dos baterías que apuntalan a la bestia se hacen notar y actúan como auténticos martillos y yo... Yo ya.  He de admitir que a partir de aquí me costó muchísimo. 

Llegó un momento a partir del cual solo pude agitar mi cabeza al ritmo recalcitrante, insistentemente atrayente, de los bombos combinados. Inténtelo, por favor, con la primera parte de "Ficus". El bombo está presente siempre, deja ir y venir a quién quiere. Aparece la voz, se desvanece al instante siguiente. Un poco de platillos, punteo suave de guitarra, efectos del sinte, notas al aire del bajo, un marciano cencerro. Y de nuevo se construye el silencio, como si la canción fuera concebida para llegar al final de la manera más ordenada posible, pero dejando entrever toda su belleza. 

Las canciones circulan y mi cabeza, mis pies, mi cuerpo, son parte fundamental ya del engranaje general. La impresionante "Cactus" despega sus alas, multicolores, o todo oscuras, por encima de la enorme pantalla de humo. Son momentos de abandonar la pesada app de notas en la que vas apuntando el setlist para la crónica o de guardar la cámara digital que ni de coña va a sacarte una buena foto para el blog. Lamento no poder más detalles de lo que pasó a continuación. Pasaron "Clivia" y "Montsera", tal vez, eché de menos "Alçaria"... Se me hace muy difícil seguir dotando a todo de adjetivos, soy incapaz de darle más a la banda por todo lo que me ha dado. Hasta tal punto que, en cuanto se van y lamentan no haber podido traer vinilos, me dan ganas de gritarles que ya los tengo todos. Compraría otro par. 

Como no puedo regalártelos a ti, lector, que has aguantado aquí, voy a darte lo más parecido y a insistirte con todo el poder de mis conductos auditivos en que te hagas un favor y le des al play de cualquier tema de Oso Leone. Tal vez así un día estemos tumbados juntos, ajenos a todo, escuchando cualquier cosa nueva que compongan. Y ojo, porque en el concierto presentaron dos que sonaron muy bien. En esa línea suya atemporal, fantasmagór... Ya vale con los adjetivos, de verdad. Pero escuchadlos, porque son el futuro de nuestra música.

He dicho. Lonely Alv.

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