AC/DC @ Olímpico de Montjuic - Barcelona (29/05/2015)

Sin duda uno de los eventos del año "musicalmente hablando" en nuestro país es el paso de la legendaria banda australiana AC/DC, tanto por Barcelona como por Madrid, durante el trascurso de su gira Rock Or Bust World Tour.

Desde el mismo momento en el que salieron las entradas a la venta con su correspondiente cartel de agotado a las pocas horas, hasta la llegada de las horas previas, en donde la ciudad condal se convirtió en un hervidero de personas que mostraban con cierto orgullo referencias de algún tipo sobre la banda, las expectativas respecto al show alcanzaron unas dimensiones tan o más grandes que toda la infraestructura que los acompaña de ciudad en ciudad.

El foco mediático estaba puesto sobre Angus y los suyos y los motivos no podían ser más variados. Por un lado era evidente que el evento despertaba un torrente de ilusiones tanto entre los novatos como en los más veteranos; España es territorio AC/DC, de manera que los australianos iban a tener que dar el 100% para satisfacer a un público entregado desde el minuto cero. Por otro lado, era imposible no pensar que ,a veces, cuarenta años si son algo. Con el grupo en un momento delicado (enfermedad de Malcolm Young, problemas legales de Phil Rudd) y con un nuevo disco bastante intrascentente, Brian y Angus deberían confirmar que la letra del tango no es solo un dicho, sino también un hecho.
Con la sonrisa del fan y el hormigueo en el estómago del novato se nos abrieron las puertas del Olímpico de Montjuic para ver por primera vez la que sería "autopista hacia el infierno" para todos los que en ese momento estaban buscando una posición estratégica desde donde no perder detalle.
 
Tal y como se esperaba nos encontrábamos ante un montaje faraónico con amplificadores por doquier dispuestos a martillear nuestros oídos a base de potencia y riffs. Entre el público había de todo, mucha gente joven, los veteranos que fichan con cada gira, familias en las que se mezclaban los conceptos anteriores, y es que un concierto de tal magnitud no conoce de brechas generacionales.
Sobre las 20:45, en pleno atardecer, comenzó a cobrar protagonismo la música. Los Vintage Trouble empezaban a coger el testigo del sol que poco a poco iba desapareciendo para caldear al público. Los americanos, a priori, no estaban en el ambiente más adecuado para triunfar con su mezcla blues-rock-soul, aunque, después de verlos en acción el año pasado en Santiago, era difícil pensar que debajo de las chaquetas de cuero y los chalecos vaqueros que proliferaban entre el respetable no se fuesen a despertat pequeños "James Brown" con ganas de mover el cuerpo. Bajo el mando del eléctrico Ty Taylor, la banda se merendó el escenario y consiguieron atraer al público que poco a poco abarrotaba el recinto.
 
Los Trouble dieron guerra durante cuarenta minutos en los cuales sonaron temas como "Blues hand me down", "Total strangers" o "Run like the river" (dejando las baladas de su repertorio para otro día) mientras Taylor se recorría el escenario de un lado a otro, giraba sobre si mismo sin parar o mismo se bajaba a cantar entre las primeras filas del público, todo esto sin que su traje beige se descolocara un solo milímetro de su posición inicial.
La sensación final fue muy buena, los Vintage Trouble son una de esas bandas que tienen olor a éxito y que llenan el escenario de carisma. Triunfaron, pero no sin esfuerzo, evidenciándose a través del sudor que dejaron en el escenario y la dedicación que le ofrecieron al público.
Media hora era lo que separaba el silencio que volvía a apoderarse de los probables cientos, quizás miles, de altavoces que había en el recinto de esa máquina de guerra cargada de alto voltaje y dinamita que son los AC/DC. Visitas rápidas al baño, sonrisas nerviosas y primeros apelotonamientos de gente que apuraba los últimos minutos para conseguir algunos centímetros o metros de cercanía con sus ídolos.
Era ya noche cerrada y el Olímpico estaba a rebosar. Un mar de cabezas que oscilaba entre las 50000 y las 60000 mil personas brillaba con múltiples luces rojas parpadeantes de los cuernos que se vendían y los flashes de las cámaras y móviles; hasta una brillante luna parecía no querer perderse el evento y poco a poco se fue posicionando sobre el escenario. Solo faltaba que el concierto diera el pistoletazo de salida y cada minuto de demora despertaba más incertidumbre, entre un público que era incapaz de ocultar sus emociones e inquietud.
De repente se iluminaron las pantallas que acompañaban al escenario mostrando una nave espacial para contarnos una nueva versión de lo sucedido con el Apolo XI. Aparecía en la pantalla un meteorito con AC/DC grabado a fuego mientras el estadio explotaba en un vitoreo por lo que estaba a punto de comenzar. El aerolito tomaba rumbo a la tierra mientras se encontraba por el camino con la iconografía de diferentes épocas del grupo (Rosie, el tren, la campana...). El impacto en la ciudad condal era inminente y comenzó la cuenta atrás. La colisión trajo consigo fuegos artificiales y espectaculares llamaradas alrededor del escenario mientras empezaron a sonar los primeros acordes del "Rock or Bust", que nunca sonaron tan bien como en ese momento. Apareció Angus Young con un impoluto traje colegial de color rojo, Brian Johnson con su atuendo típico cantando y saludando a las primeras filas, en el centro del escenario en la zona trasera guardando las espaldas de los dos principales protagonistas: Steve Young a la guitarra, Chris Slade a la batería y Cliff Williams al bajo. Tras el primer tema quedó clara una premisa, "In rock we trust".
El primer gran momento de la noche llegó con la segunda canción. El grupo levantó al público al unísonos con "Shoot To Thrill", un tema en el que pudimos ver como Angus se recorría el escenario de un lado a otro con su guitarra sin tomarse un respiro, lo sorprendente es que repetiría esto canción tras canción. El resultado final fue muy bueno, a pesar de que a Brian le costó encender la voz y para nada sonó impecable.
Seguidamente, la banda recuperó una pista de sus primeros discos, "Hell Ain´t A Bad Place To Be", una canción que sonó jodidamente bien. ¡Qué groove!¡qué potencia!¡qué maravilla! y eso que era de las menos esperadas para un servidor, por lo que me sentí gratamente sorprendido. La iluminación puso el escenario rojo y Angus se llevaba por primera vez los cuernos a la cabeza con la consiguiente histeria colectiva.
 
Tras un brevísimo descanso de 5 a 10 segundos (ritual que se repitió a lo largo del show) el escenario tornó a blanco y negro y comenzó "Back In Black". El clásico sonó atemporal y muy efectivo aumentando un nivel más la locura generalizada que reinaba entre la pista y el graderío. "Play Ball" fue un momento de respiro para el público; no levantó pasiones pero demostró que es un tema hecho y pensado para sonar potente en un estadio.
El concierto continuó con "Dirty Deeds Done Dirt Cheap", ¡que sonido tan impresionante logra ese riff en directo! ¡que maquina de liberar tensión tiene en el estribillo! Brian nos dejó una buena actuación y nos permitió escuchar a Angus cantar un fraseo, ¡toda una sorpresa!. 
 
Otro de los puntos candentes fue la mítica "Thunderstruck" ,que acompañada de descargas eléctricas en las pantallas, provocó un multitudinario coro que rugía "thunder". A estas alturas el cantante ya alcanzaba al nivel vocal óptimo y clavando su rodilla en el suelo hizo que la canción sonara simplemente espectacular. Seguidamente "High Voltage" le dio un toque juguetón al concierto. Angus Young ya se había hecho con el protagonismo absoluto y provocó que nos olvidáramos de lo raro que suenan a veces estos temas sin el malogrado Bon Scott. La llegada de "Rock ´N´ Train" rebajó los ánimos a pesar de sonar como un ferrocarril con sus calderas funcionando a pleno rendimiento.
"Hells Bells" marcó la llegada del momento más solemne del show. Un tema lleno de intensidad y recuerdos que sirvió para rememorar y rendir homenaje a los que faltaban en el escenario mientras veíamos como se balanceaba la inmensa campana que apareció sobre la cabeza de los australianos. "Baptism By Fire" pasó sin pena ni gloria en lo que fue la última referencia de su último disco y una manera de reconocer que el nuevo material no estaba a la altura de su repertorio habitual y que en opinión de este "humilde" cronista creo que se agradeció. 
 
El público se convirtió en el protagonista a lo largo de los tres minutos y medio que duró la canción "You Shook Me All Night Long". Las inmensas pantallas del escenario combinaron imágenes del respetable con la letra del estribillo creando un clima de festividad y reconocimiento a todos los que estábamos compartiendo ese momento tan mágico en uno de los epicentros musicales del planeta. Una de las sorpresas de esta gira fue la inclusión de "Sin City" en su repertorio puesto que no sonaba desde el tour "The razon edge". La canción fue una excusa perfecta para vivir la enésima exhibición de Angus a las seis cuerdas dejándonos sin palabras para describir la tremenda demostración del menudo guitarrista. Lo mismo se podría decir de "Shoot Down In Flames" y "Have A Drink On Me" (que llevaba casi 30 años sin ser tocada en directo) pues pasaron como buenos temas que sirvieron para preparar la locura que iba a ser el trecho final del concierto. 
 
Lo que se acercaba eran tres trallazos seguidos de la primera etapa de AC/DC, tres odas a la guitarra: "T.N.T.", "Whola Lotta Roise" y "Let There Be Rock"; tres temas a los que la escenografía también acompañó para aumentar la espectacularidad. Pudimos ver múltiples explosiones en las pantallas mientras todo el mundo acompañando a Angus al unísono coreaban "oi, oi, oi" durante la primera, a la voluptuosa protagonista del segundo tema sobre la cabeza de los miembros del grupo y una magnífica representación en las pantallas de la iconografía de la banda en el tercer tema con un momento realmente emocionante: la aparición de un Bon Scott de bronce. Además el señor Young nos tenía preparada una sorpresa final y decidió alargar la última pieza con un solo de guitarra que duró ¿10? ¿11? ¿12?¿Tal vez 15 minutos?; tiempo durante el que creó un auténtico delirio grupal mientras veíamos como Angus recorría cada centímetro de escenario, se elevaba al cielo sobre una pasarela y se subía sobre las filas de amplificadores, ¡una deliciosa locura!.
Tras esto la banda se marchó y se tomó unos minutos de descanso dejando que el público se encendiese el cigarrito de después: la recta final se acercaba y solo quedaban dos canciones para los bises. Del escenario comenzó a brotar fuego por encima de las líneas de amplificadores y se abrió una pequeña compuerta en el medio del escenario de donde salía humo iluminado con llamas como si conectara con las profundidades del mismísimo averno. De ahí salió un Angus Young cornudo y descamisado que comenzó a tocar "Highway To Hell", una de esas canciones que no necesita palabras ni descripción, pues es un himno. Para finalizar, el ya clásico "For Those About To Rock (We Salute You)" acompañado del bombardeo de 12 cañones y fuegos de artificio que sirvió para cerrar el show con un: "we salute you Barcelona" de Brian Johnson.
 
Con el final del concierto quedó el regusto de haber vivido algo mágico, casi dos horas de leyenda, de potencia sin freno y de exhibición más allá de edades. El concierto fue una demostración de excelencia y brillantez por parte de los australianos que saben atacar al paso del tiempo con experiencia y voltaje. A este ritmo, nos queda AC/DC para rato.



 

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