Los Matinales del circo Price.



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El domingo 18 de noviembre de 1962, a las once de la mañana, fue un momento histórico: en él tuvo lugar la primera matinal del Price. Aunque se celebraban festivales en otras ciudades españolas, las matinales del Price de Madrid consiguieron categoría de modelo para todos los que montaban actos similares en otros lugares. Ello se debió a su organización y continuidad, pero también al espacio que les dedicó la prensa y a las dificultades que sus promotores tuvieron con diversas autoridades, las cuales desembocaron en su cierre definitivo antes de cumplir año y medio.

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Primer y último cartel de las matinales del Price

Los Festivales del Price no fueron los primeros ni los que más ediciones tuvieron. Pero sí eran los mejor organizados, los más promocionados y los que se convir­tieron en el punto de mira de amantes y detractores de la nueva música. Como las peleas entre mods y rockers en Brighton, los festivales multitudinarios en Wight, las actuaciones en The Cavern o los desnudos de "Hair", son más un símbolo que un acontecimiento realmente importante. Los Festivales del Price, que en sus quince sesiones no tuvieron más de treinta mil espectadores en total, son, sin embargo, una de las señas de identidad de su tiempo. Del Price apenas salieron consagrados dos o tres artistas, la industria no empleó sus sesiones como trampolín ni las recaudaciones fueron como para pensar en que se pudiera crear un circuito profesional de actuaciones. Pero sí polarizaron la atención de los medios de comunicación y la prensa de la época habló más de ellos que de ningún otro fenómeno musical de su tiempo, incluidos festivales como los de Eurovisión o Benidorm.

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En este capítulo se pretende recoger el clima de efervescencia que el Price provocó. Para ello emplearemos no los recuerdos de tres décadas después, mitificados por la nostalgia, sino los datos del momento. El primer festival se celebró el 18 de noviembre de 1962 con seis grandes nombres en los carteles anunciadores, que se convirtieron en siete a la hora de la verdad. El programa lo abría un cantante en solitario, Ontiveros. Seguían un grupo que todavía se hacía llamar Dick y Los Relámpagos y que ya anunciaban sus grabaciones en la casa Philips, y el antiguo cantante de Los Pekenikes, Eddy, del que se anunciaban unas grabaciones en discos Híspavox y que nunca llegó a realizar como solista. El cuarto puesto lo ocupaban Los Tonys, que aún no habían grabado, el quinto Los Pekenikes, que tenían ya un contrato con Hispavox, y el sexto Los Cinco Estudiantes, el primer conjunto de España, según el titular que cerraba la cartelera. El séptimo nombre, que no se anunció porque se incorporó tarde al pro­grama, fue el grupo gibraltareño The Diamond Boys.(tocaba el papa de el guitarrista de los strokes,http://www.youtube.com/watch?v=yqy-JNVK5Mk

El primer paso

Los organizadores de los festivales eran dos hermanos, Pepe y Miguel Angel Nieto, dos personalidades del mundo de la comunicación. Pepe era el batería de Los Pekenikes, que luego se consagró como uno de los grandes compositores de jazz y bandas sonoras en nuestro país. Miguel Angel se convirtió con el tiempo en un prestigioso locutor que ha prestado sus servicios en la Cadena SER y fue uno de los fundadores de Antena 3.
La segunda edición del festival, quizás por la afición de Pepe Nieto por el jazz, incluyó al Middle's Jazz Quintet junto a grupos claramente pop. Y en el tercero hubo un diálogo de baterías, al estilo de las jam sessions jazzísticas entre el propio Pepe Nieto y Wiboris, un batería de jazz. Esto provocó que los primeros reflejos que el festival tuvo en la prensa se refirieran especialmente al Jazz, aunque en el co­mentario aparecido el 17 de diciembre de 1962 en el diario "Madrid", justo al día si­guiente de la tercera sesión, se hacía cons­tar también el ambiente juvenil y el entu­siasmo del público por los nuevos ritmos.
El título del comentario era "Jazz cada quince día" y el texto decía: "Desde hace algún tiempo, el madrileño Circo Price dedica una mañana de domingo cada quince días a la música de jazz, y con bas­tante éxito, puesto que el aforo del local se ve repleto. Twist, rock, madíson, todo el ritmo moderno tiene cabida en estos programas, que los espectadores siguen con un entusiasmo realmente extraordi­nario, agitándose en sus asientos como si bailaran al compás de los instrumentos musicales. Hemos sacado de estas sesiones una conclusión importante: los con­juntos españoles de música de jazz no tie­nen nada que envidiar a los extranjeros. En suma, podemos estar orgullosos."


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Más significativo que el recuadro del diario “Madrid” fue la doble página que dedicó la revista "Discóbolo" al primer festival, porque no era un comentario genérico, sino una crónica al detalle de lo que allí ocurrió y una reseña crítica de cada uno de los participantes. El reportaje, titulado "Lleno total en los festivales de música moderna", decía:
"En el Price Hall se ha celebrado una serie de festivales de música moderna. Un público juvenil y ávido de ritmo llenó por completo el recinto del Price para ver y escuchar a los representantes de la nueva ola musical. Ni que decir tiene que todas las actuaciones fueron de rock y twist, con algunas melodías que sirvieron de sedante. Abrió el programa Ontiveros, que cantó acompañándose a la guitarra. Después, Los Tonys, mucho más conjun­tados que en ocasiones anteriores. Los Relámpagos, con mucho ritmo en sus ins­trumentos electrónicos, aunque sin olvi­dar la melodía, que llevó maravillosamen­te el órgano eléctrico. Y Eddy, antiguo cantante de Los Pekenikes, que cantó solo y supo ganarse al público con su reperto­rio de canciones folk y melódicas. Su voz recuerda mucho en algunos momentos a Elvis Presley."
Y seguía: "Los Estudiantes cantaron con la adhesión de gran parte del público, si bien en esta ocasión no estuvieron tan perfectos como otras. The Diamond Boys estuvieron muy organizados y su sonido fue muy limpio. Cuidaron cada una de las posturas y cada una de las notas de sus flamantes instrumentos. Al final actuaron Los Pekenikes, siempre bien recibidos en esta clase de festivales. Acogida calurosa a todos los conjuntos y mucho ambiente fueron las características predominantes en este primer festival, favorecido por el éxito."

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Pero no todos los comentarios fueron tan favorables. El número de la revista "Triunfo" de 8 de diciembre de 1962 tam­bién se ocupó del nuevo fenómeno juve­nil. Y lo hacía cuando tan sólo habían tenido lugar los dos primeros recitales y apenas había habido tiempo para hacerse una opinión ponderada de su importan­cia. El reportaje terminaba con unas con­sideraciones en las que se reflejaba, in­conscientemente, el bache generacional entre el que las escribía y los asistentes a estos conciertos: "Dónde vamos a parar? Los chicos se suben por las paredes mien­tras les dejan, claro. Quieren más, siem­pre quieren más, pero no hay nada que hacer. El espectáculo ha terminado. Otra vez será. El domingo próximo que se anuncia, es muy posible, con actuaciones extraordinarias. Se acabó lo que se data. Unos dos mil muchachos salen tararean­do 'Speedy González' a tomar el aperitivo y a comer, que por la tarde hay que ir al guateque y a bailar el twist. Al guateque o al bar, ese americano que está tan bien, al que no se va precisamente a bailar. Por hoy ya está bien, ya has tenido tu ración de twist, chico. Los domingos por la mañana, ya sabes: puedes gritar, chillar, silbar, patear, bailar, moverte. No pierdas la oportunidad.”

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Despierta la industria discográfica

Quizás no se corresponda el tono condes­cendiente y ligeramente despectivo del cronista con los méritos del nuevo fenó­meno que estaba produciéndose ante sus narices y que, al parecer, no llegaba a comprender del todo. Así comenzaron a fraguarse los comentarios que acabarían provocando el cierre definitivo de estas galas unos meses más tarde. Pero, a la vez, las compañías discográficas españolas empezaron a interesarse por esa música que parecía mover masas y se convirtió en algo normal la presencia de algunos de sus directivos y cazatalentos en estas matinales, como reflejó la crónica apareci­da en la revista "Discóbolo" referida al quinto festival y titulada "Price rock twist". Algunos de sus párrafos expresan la absoluta pobreza de medios de los grupos de aquellos años: "La primera actuación fueron unos muchachos muy jóvenes que necesitan dos cosas: material y trabajo. Faltos de batería, la manejó de prestado con ellos Eddy, de Los Jets." Y sigue la crónica: "Teníamos verdaderas ganas de ver alguna actuación de Los Tigres, que no nos defraudaron por su forma de tocar, aunque les faltaron amplificadores y un buen micrófono para el cantante." Refiriéndose ya al interés de las compañías discográficas, prosigue: "Durante el descanso charlamos con Angel Nieto, presentador y organizador de estos espectáculos, y nos encontramos también con Andrés Machado, de discos Belter, y con el señor Garea, director de ediciones Hispavox, que, como siempre, prestan su más entusiasta colaboración en pro de la música moderna."
Como puede observarse, el material técnico de los grupos era una de las constan­tes preocupaciones. Los amplificadores, las guitarras y las baterías son uno de los temas recurrentes de aquellos tiempos. Dos años después, dejaron ya de preocu­parse por los medios para centrarse en la propia musica.
Otro de los personajes del momento era Mike Ríos, que trabajaba con Los Relámpagos un poco en la línea de lo que hacían en Inglaterra Cliff Richard y The Shadows: seguían sus carreras de forma independiente y trabajaban en conjunto cuando lo consideraban necesario. Decía un revista, refiriéndose a la actuación de ambos: "A continuación, el plato fuerte del espectáculo: Mike Ríos y Los Relám­pagos, dada la expectación despertada por la propaganda y los discos del joven valor de la canción. Mike organizó una especie de show con la colaboración de una atractiva joven, Mari Carmen, y con Los Relámpagos. Su interpretación de “Be­bop-a-lula” produjo una gran impresión entre los espectadores."
Al final de esta crónica hay un comenta­rio sobre el reparto de premios concedi­dos a los triunfadores del programa anterior: "Entre las actuaciones de Los Jets y Mike Ríos, Angel Nieto y el señor Garea, con la intervención de Torrebruno, llevaron, a cabo el reparto de premios. Al recoger el suyo The Diamond Boys, el público les pidió una interpretación. Ante esa muestra de simpatía por parte del público, los cinco muchachos ingleses interpretaron una melodía con instrumen­tos prestados, y Torrebruno tuvo que can­tar Caterina, a petición. En esta quinta edición de los Festivales del Price los premios fueron concedidos de la siguiente manera: trofeo Hispavox, a Mike Ríos y Los Relámpagos, y trofeo Belter, a Micky y Los Tonys.”
Ente los grupos que más destacaron en los Festivales del Price figuraban The
Diamond Boys, un grupo gibraltareño, aunque en los carteles anunciadores se les citaba siempre como procedentes "directamente de Inglaterra". The Diamond Boys tenían los mejores equipos que se habían visto jamás en el Price, y además una excelente escuela rockera. Sin embar­go, en ese mismo, año se disolvieron, por­ que dos de sus componentes, Albert y Richard, formaron un dúo y, acompa­ñados por Los Polaris, grabaron sus primeros discos en España. Poco tiempo después, Albert y Richard se separaron también. El primero marchó a Inglaterra, donde comenzó su carrera de compositor y productor con el nombre de Albert Hammond. Tras producir a algunas figuras del pop británico, acabó -curioso ciclo vital y profesional, produciendo y escribiendo para artistas españoles de la categoría de Julio Iglesias, que entonces era un chaval que aún no pensaba en serio en la canción.

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Por alguna inexplicada razón, que segura­mente tenía que ver con la visión comercial de su director, Emilio Romero, el diario "Pueblo" inició una campaña contra estos festivales, acusando a los espectadores de desórdenes dentro y fuera del Price. Recordemos que era ésta una época en que para organizar una reunión de más de una docena de personas era obligatorio solicittar un permiso gubernamental. Naturalmente, era ésta una ley que pocos cumplían, pues con ella hasta los guateques caseros resultaban ilegales. Pero cuando era necesario, siempre se podía invocar alguno de sus puntos para evitar, no precisa­mente los festivales, sino los grupos de alborotadores que se formaban a la salida.

El diario "Pueblo" publicó un pie de foto, el martes 26 de febrero de 1.963, dos días después de la séptima sesión, que, a pesar de su apariencia elogiosa, escondía una intención que acabaría con la propia via­bilidad de los festivales. En la fotografía se veía a unos muchachos bailando en la calle. El título rezaba: "Twist en las calles de Madrid", y el texto íntegro, no de­masiado largo, pero lleno de intención, era el siguiente: "Sobre el asfalto, en la acera, a la intemperie en plena calle, bajo la lluvia, estos jóvenes bailan el ritmo de nuestro tiempo: el twist; esta histeria colectiva no se ha producido en Londres ni en Estocolmo. Acontece en Madrid y a las dos de la tarde del pasado domingo. No ha sido una escena única e insólita la que ha captado el fotógrafo. Se repite cada día festivo tras las sesiones de ritmos modernos que con gran éxito de público se celebran en nuestra capital. Miles de jóvenes, tras haber soportado dos horas o más de guitarra eléctrica, batería y canciones en inglés, inician al ritmo del twist su vuelta a casa. ¿Quiénes son estos muchachos? No creemos que sean universitarios. No creemos que sean jóvenes obreros. ¿Dónde puedes ubicar a estos chicos? ¿De dónde salen? ¿A qué se dedican? Unas preguntas que nos hacemos sin más afán que entender a este sector de la juventud."
¿Y qué se podía ser en España si no se era miembro del sindicato vertical? No ser ni estudiante ni trabajador parecía convertir a cualquier individuo en víctima propicia de la Ley de Vagos y Maleantes, entonces todavía en vigor. Con estas preguntas se orquestó una campaña que no pararía hasta que la autoridad competente decidió suspender los Festivales del Price, alegando los escándalos públicos que se producían a su término en las calles aledañas, repletas de jóvenes que salían cantando y bailando el twist. Que hubiera unos jóvenes, como decía el periódico, que sin ser obreros ni estudiantes tuvieran tal capacidad de convocatoria resultaba sospechoso al redactor de esa nota. Los periódicos de la época estaban dirigidos desde el poder y al poder le parecía que este tipo de reuniones juveniles podían desembocar en protestas masivas o en cualquier tipo de manifestaciones que, por el mero hecho de producirse, ya eran socialmente peligrosas.
Después de casi dos años de festivales, con quince sesiones, los asiduos al Circo quedarían sin música. La provocación vino otra vez del diario "Pueblo", que llevaba una larga temporada intentando desprestigiar a aquellos muchachos: "Algunos grupos de jóvenes, envenenados por el ritmo a la salida del concierto, cometieron desmanes y fechorías”, decía una noticia de aquellos primeros días de 1964. En otra se hablaba de un “nutrido grupo de adolescentes que destrozó un vagon de metro”. Y así una tras otra.
Como ya hemos señalado, se salieron con la suya. Los Festivales del Price fue­ron prohibidos, precisamente cuando las revistas habladas como “Enlace” y "Altavoz” habían dejado de emitirse y cuando los antiguos festivales del Alcalá o el Calasancio habían caído en el olvido ante la fuerza de las matinales del Price. Todavía se realizaban otros festivales de menor repercusión, como los que organizaba José Luis Alvarez en el Consulado, de Madrid. Pero la suspensión, por orden gubernamental y para evitar males mayores, de los Festivales del Price fue un duro golpe para músicos y aficionados en general.

Antonio Ortega firmó una columna en 'Fonorama", en contra de la decisión. En ella decía cosas tan lógicas como: "Pese a la opinión de algunos diarios madrileños, creemos que no hay motivo para conde­nar toda una época musical tan sólo por­que unos gamberros crean que, por ser jóvenes, se les pueda perdonar todo.” Seguía comparando las discusiones que se producían tras los partidos de fútbol con las provocadas en el Price. Incluso apelaba a la lógica con este curioso argumento: "Hay borrachos que a veces son la ver­güenza de la vía pública y nunca fueron por ello causa del cierre de las tabernas." Y terminaba, con tono de instancia oficial: "Confiamos en que la medida tomada estos días por las autoridades sea sólo hasta nueva orden y que próximamente podamos reunimos todos para gozar con tranquilidad de la música moderna en el Circo Price." Desgraciadamente, nunca se levantó la prohibición.

Copiado y pegado de,http://www.teenboysmusicaspain.com/circoprice.html



Por Chus Martínez.

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