Dos historias de Zaragoza: Los diabolicos y Los Kracs.

Dos historias de Zaragoza

Los Diabolicos

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Hoy me ha pasado una cosa curiosa. Propiciada por mi "capacerismo profesional", vamos mi habilidad para ponerme a cascar.

Volviendo de la Exposición de los 75 años del Real Zaragoza en el palacio de Sástago (ese Renacimiento Aragonés), donde no me han dejado llevarme un cuadro con una caricatura de Mandrake, y buscando un sitio donde comerme una croqueta, he aparecido en la plaza de San Francisco en un puesto de venta de vinilos. Y claro... adios croqueta.

El dueño enseguida se ha dado cuenta de lo que me gusta. Pero ha sido fácil, símplemente ver mi cara cuando él ha puesto Mull Of Kintyre de los Wings en el tocadiscos. Me he puesto a mirar, y allí estaba también Another Day de McCartney. Pues nada... para mi los dos. 6 euros entre los dos, que la verdad, no está nada mal para lo que suelen pedir en estos casos.

Y ahí estamos, lo normal es irse, uno paga y hasta luego... pero me he puesto a hablar de precios de discos con el dueño, sobre ferias, sobre Lone Star... Y me ha contado que el era miembro de "Los Diabólicos", un grupo de los 60 de Zaragoza. La época en que los grupos de ciudad se intentaban hacer un hueco haciendo versiones de los Beatles, Stones, Animals... Me ha enseñado recortes de prensa, fotos del local donde ensayaban...

Una anécdota fue en Radio Zaragoza donde fueron a tocar junto con otro grupo de cuyo nombre no me acuerdo (claro, aquí nos interesan los Diabólicos). Éstos tocaron antes que ellos, con un repertorio del estilo al que he nombrado en el párrafo anterior. Los Diabólicos no... tocaron 12 canciones propias y sorprendieron.

También me ha contado cómo casi graban un disco. Realmente dos, ya que es lo que les ofrecieron. Con disco me refiero a single, no a long play. Les dijeron que como requisito tenían que comprar 500 discos con su propio dinero de los que iban a grabar para regalarlos a las discotecas, sinfonolas o radios para que les promocionaran y empezaran a sonar por ahí. Y también que tenían que pedir una excedencia de 4 meses en el trabajo para poder irse a hacer bolos y promoción. Pero claro, en esos momentos era arriesgado, ya que 3 miembros del conjunto se iban a casar ese año y estaban pagando hipoteca. Así que dijeron que no, y el sueño de los Diabólicos se desvaneció.

Ahora se lamenta porque no sabe qué podría haber pasado en su vida si hubieran grabado aquellos discos.

http://zgzcalling.blogspot.com/2007/12/los-diablicos-una-historia-curiosa.html

Los Kracs

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http://www.rafaelcastillejo.com/zaragoza-musical-60.htm


Lo han conseguido. Ya son los nuevos campeones del mundo. Esta madrugada, a las tres, cumplieron las doscientas horas tocando ininterrumpidamente. Hubo aplausos y vítores delirantes.
El Club Tony del barrio de las Fuentes, donde han realizado la prueba, estaba a rebosar. Han rebasado en veinticuatro horas el récord mundial, en poder de Los Rokers hasta ayer. Los Kracs, los nuevos campeones, son cinco: Jaime Pallarés Luzón, de diecinueve años de edad, guitarra solista y autor de los arreglos y composiciones musicales que interpreta el conjunto; Jesús Berné Gasca, de dieciséis años, guitarra ritmo; Jesús Cuartero Enciso, de veinte, cantante; Francisco Bordonaba Domingo, de veinte, contrabajo; y Juan José Berné Gasca, de diecinueve, batería. Jesús y Juan José Berné y Francisco Bordonaba nacieron en Moyuela; Jesús Cuartero, en Tabuenca. Solo Jaime Pallarés vino al mundo en nuestra capital. Y sólo él sabía música -actualmente estudia segundo año de piano- cuando decidió formar el conjunto de Los Kracs. Sus compañeros trabajaban en el ramo de la metalurgia.
Ahora, en cambio, todos estudian en el Conservatorio de Música, donde han obtenido calificación de sobresaliente. Todos son profesionales. Y todos, al unísono, intentaron la aventura de batir el récord mundial de permanencia interpretando música moderna. Doscientas horas tocando ininterrumpidamente, alimentándose sobre la marcha y sin poder abandonar el estrado más que esporádicamente. Y eso con la condición de que siempre quedaran tres, cuando menos, actuando. Porque así son las reglas del juego.
Un médico y un notario los vigilaron de cerca. El uno, para evitar que la prueba desembocara en tragedia, para velar por la salud de Los Kracs; el otro, para cuidar de que la prueba discurriera por los cauces de la legalidad, sin trampa ni cartón. La proeza parece increíble, pero estos cinco jóvenes zaragozanos llegaron dispuestos a realizarla sin concederle demasiada importancia.
-Nosotros estábamos seguros de nuestras posibilidades. Pero sabíamos que para darnos a conocer, para salir del ámbito regional, teníamos que hacer algo importante.
-¿Por eso decidísteis batir el récord de permanencia?
-No hay otra razón.
El Club Tony ha permanecido abierto durante el día y la noche, por espacio de ocho fechas. Fuera, en la calle, una pizarra ofrecía el balance, de hora en hora, del tiempo transcurrido y del que todavía quedaba por transcurrir. Los Kracs comenzaron a tocar a las siete de la tarde del viernes, 10 de enero, para terminar en la madrugada de hoy, día 19. Doscientas horas completas y cabales.
Llegamos al club cuando llevaban ciento noventa y nueve horas tocando.
-Sólo han sufrido un accidente. Al principio nos asustamos -nos informó Felipe, manager del conjunto.
-¿Qué sucedió?
-Jesús Berné, nuestro benjamín, sufrió un desvanecimiento. Quedó con la mínima de tensión. Hicimos que se acostara, pero a la mañana siguiente se presentó aquí para continuar la prueba. Quiso compartir con sus compañeros los honores del campeonato mundial de permanencia.
-¿Cuánto hace que se formó el conjunto?
-No llega al año.
Durante la noche Los Kracs bajaban el volumen de sus instrumentos para no interrumpir el sueño de los vecinos. Entonces interpretaban música de jazz, improvisando sobre la marcha.
-Pero seguimos tocando para baile todas las tardes -alegan-, ofreciendo una sesión de cuatro horas e interpretando todas las canciones del momento.
Junto al estrado situaron una mesa con unos pliegos y esta advertencia: “Por favor, firme en los folios notificando la hora. Gracias. Los Kracs”. De esta forma, contaron con el permanente control del público.
-Para ellos -dice el propietario del club-, la hora peor era cuando daban las seis de la madrugada. Les entraba sueño y teníamos que darles cachetes en las mejillas para espabilarlos.
-¿Se quedaron solos en algún momento?
-Siempre hubo gente presenciando la prueba, a cualquier hora del día y de la noche.
Los obreros, al madrugar para dirigirse al trabajo, acudían al club para presenciar la proeza de Los Kracs; los vigilantes nocturnos, cuando se retiraban, también daban una vuelta para escuchar al conjunto; las mujeres se acercaban con la cesta de la compra… Han desfilado de todas las clases sociales.
-¿Habéis ingerido pastillas para manteneros en pie?
-No.
Lo suyo ha sido tocar y tocar incesantemente. A veces parecían simples autómatas, marionetas a las que movía un genio invisible. Pero nadie tiraba de los hilos más que la propia voluntad de vencer.
El local tiene luz negra. Permanece en semipenumbra las veinticuatro horas del día. Los Kracs, tras de su triunfo, van a extrañar la luz del sol. Ahora viven todavía una extraña alucinación. Ni siquiera saben a ciencia cierta dónde se encuentran. Sólo tienen un pensamiento, el de su sorprendente marathón de doscientas horas. Llegar a un campeonato mundial de cualquier especialidad siempre exige un precio muy elevado. Y Los Kracs no han dudado en pagarlo.

Por Chus Martínez.

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