Carmen Anaya




PAPELES

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Somorrostro

GENEROSA HASTA LA MUERTE


Ya de niña, solía volver a casa de amanecida con una barra de pan bajo el brazo, que iba repartiendo entre los pedigüeños del Somorrostro. Además de su arte, si algo destacó en la personalidad de Carmen fue su generosidad. Ganó mucho dinero (hasta 14.000 dólares semanales), pero lo repartió entre los suyos. Hasta el punto de que John S. Wilson, su amigo estadounidense que participa en el documental “Como quien oye llover”, le compró la masía de Begur para que muriera con una escritura a su nombre. Ella lo explicó: “No, de verdad que no he manejado nunca plata. Me estorba. Hay muchas desgracias en el mundo. Si lo tengo, al primero que me lo pide se lo doy. Y si no me lo pide nadie, pago por un paquete de cigarrillos 10 veces más de lo que vale. Así, me voy sin una perra en el bolsillo y duermo a gusto”.

En 1959, Barcelona le rindió un homenaje. La fuente de su barrio, en el Paseo Marítimo, fue bautizada con su nombre. Esa misma noche, ofreció un recital en el Palau de la Música, pero le contaron que unos gitanos de su barrio no habían podido acceder al auditorio por no llevar encima ni un duro. Carmen volvió al Somorrostro y se pasó la noche bailando para ellos en plena calle.

Siempre

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